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La Coctelera

ENIGMATIKA

Blog para interesados en la historia no oficial del S. XX/XXI, que buscan respuestas a dudas y hechos enigmáticos desde una nueva perspectiva. That is, thinking men and women who question dogma, propaganda and political orthodoxy.

9 Agosto 2014

DOS IDEAS POLÍTICAS FRENTE A FRENTE

Creo que puede ser interesante comentar acerca de lo que era cada movimiento político, nacionalsocialismo y comunismo (este último aún existe), que representaron lo más convulso del siglo XX. También creo que mi comentario ha de ser, hasta donde sea posible, alejado de convencionalismos, romanticismos, emociones, amores u odios por uno u otro. Es complicado, pero es necesario hasta donde sea posible.

Por ejemplo, el nacionalsocialismo ha sido habitualmente presentado como una ideología de extrema derecha, mientras que el comunismo lo ha sido de la extrema izquierda del espectro socio-político. Esta es la imagen o idea tradicional que la gran mayoría de personas suscribirían sin dudar.  Incluso podemos encontrar personas que nos dirán en la actualidad que el odio obsesivo de Hitler contra el comunismo era falso porque el nacionalsocialismo alemán no era, esencialmente, diferente del comunismo. Yo no lo creo, veo claramente el comunismo como un régimen totalitario mientras que el nacionalsocialismo fue un régimen autoritario. Esto es importante y hablo de ambos regímenes en tiempos de paz, no de guerra. La guerra cambia las cosas por motivos de fuerza mayor. Por lo tanto me ceñiré a los tiempos de paz de ambos sistemas.

Por ejemplo, en Alemania había iniciativa privada, la gente podía viajar fuera de Alemania sin problemas, los negocios florecían y la sociedad avanzó de forma muy notable en bienestar social y trabajo para todos. Es cierto que no existía apertura política ni habían otros partidos además del nacionalsocialista, y desde luego no se podía abiertamente ir en contra del mismo bajo pena de cárcel según los casos. En la Unión Soviética por el contrario no había iniciativa privada, no se podía viajar al extranjero, todo estaba controlado por el estado de forma férrea y los disidentes eran enviados a campos en Siberia o eliminados directamente.

De todas formas el ver el comunismo o el nacionalsocialismo en términos de “izquierda” o “derecha”, creo que es insuficiente para describir ambos sistemas políticos. Como he comentado antes, el nacionalsocialismo apoyaba el concepto de propiedad privada y economía de mercado, mientras que el comunismo abolió ambas y el estado controlaba la economía a través de una “planificación centralizada”. Bajo el nacionalsocialismo el sistema de producción estaba mayoritariamente en manos privadas y la propiedad privada se respetaba y alentaba. Bajo el comunismo toda la propiedad privada incluyendo granjas, producción fabril e incluso las casas eran propiedad del estado. La única similitud entre los dos sistemas es que ambos fueron considerados como totalitarios en su naturaleza aunque de entre los dos, el nacionalsocialismo era considerablemente más benigno para sus habitantes y eso, para mi, lo convierte en un régimen autoritario. Y esto lo digo por la inexistencia de otras fuerzas políticas al mismo tiempo.

El mismo Hitler explicó lo que significaba el “socialismo” para Alemania en un artículo que apareció en Inglaterra en el “Guardian, Sunday Express” del 28 de Diciembre de 1938 “Socialista yo lo defino desde la palabra “social” y quiere decir “igualdad social”. Un socialista es aquel que sirve al bien común sin perder su personalidad o individualidad o el producto de su eficacia personal. Nuestro término socialista no tiene nada que ver con el socialismo marxista. Marxismo es anti-propiedad, el verdadero socialismo no. El marxismo no le da valor al individuo o al esfuerzo o eficacia individual. El verdadero socialismo valora al individuo y le alienta en su eficacia individual, al mismo tiempo mantiene que su interés como individuo debe estar en consonancia con los de la comunidad. Todos los grandes inventos, descubrimientos, logros fueron al principio el producto de un cerebro individual. Se me acusa de que estoy en contra de la propiedad, de que soy ateo. Ambas acusaciones son falsas”

Los dos sistemas fueron también diferentes en sus objetivos. El nacionalsocialismo bajo Hitler fue un movimiento revolucionario en defensa de la civilización cristiana occidental, mientras que el comunismo fue un movimiento revolucionario dedicado a su destrucción. Harold Cox, miembro del parlamento británico entonces y un estudioso clásico liberal escribió “Lo que los socialistas (comunistas) quieren no es el progreso del mundo como lo conocemos, sino su destrucción de ese mundo como el preludio de la creación de un nuevo mundo a su imagen... Su visión ética es la antítesis de lo que ha inspirado a las grandes religiones del mundo... y hacen una llamada deliberada a las pasiones como la envidia, el odio y la malicia”.

Los judíos comunistas que llevaron a cabo la revolución bolchevique en 1917 y tomaron el control absoluto de Rusia, hicieron todo lo posible para destruir la cultura tradicional cristiana de Rusia y mataron a millones de la mejor parte de la población rusa en su camino. Se ha dicho que el nivel de inteligencia (IQ) del país bajó varios puntos por esta matanza de “inteligencia” y personas preparadas que desaparecieron asesinadas. A través de la Internacional Comunista o Komintern, intentaron hacer lo mismo en el resto de Europa. El objetivo a largo plazo del comunismo que se estableció en Rusia, era el destruir los sistemas políticos de toda Europa y reemplazarlos por repúblicas soviéticas según el modelo ruso. Una vez en el poder, trataron de arrasar a las “clases propietarias”, es decir asesinarlas como había hecho en Rusia. Europa tenía toda la razón para horrorizarse ante la posibilidad de que los comunistas llegasen al poder.

El nacionalsocialismo, se desarrolló a partir de 1918 como un contra-movimiento a las revolución bolchevique y en menor medida contra el sistema parlamentario democrático de la República de Weimar. En un artículo en el periódico del partido nacionalsocialista “Völkischer Beobachter” (El Observador Popular) del 11 de Mayo de 1933 poco después de ser nombrado canciller, Hitler dice "Durante catorce o quince años he proclamado continuamente a la nación alemana, que mi tarea para la posteridad el destruir el marxismo, y esto no es un a frase vacía sino un juramento solemne que cumpliré mientras viva. He hecho esta confesión de fe, la confesión de fe de un solo hombre, de una organización poderosa (Nacionalsocialismo). Sé ahora que si el destino me quiere sacar de este puesto, la lucha será hasta el final; este movimiento lo garantiza. Para nosotros esta no es una lucha que pueda acabarse con un compromiso. Vemos en el marxismo al enemigo de nuestro pueblo que será arrancado de raíz y destruido sin piedad... Por ello debemos luchar hasta el final contra esas tendencias que han devorado el alma de la nación alemana en los últimos 17 años, que han hecho un daño incalculable y que si no hubiesen sido vencidas, habrían destruido a Alemania. Bismarck nos dijo que le liberalismo era el pacificador de la social-democracia. No tengo ni que decir que la social-democracia es la pacificadora del comunismo. Y el comunismo es el precursor de la muerte, la destrucción nacional y la extinción. Nos hemos unido a la batalla contra él y lucharemos hasta la muerte”.

El nacionalsocialismo no salió sólo de la mente de Hitler por generación espontánea ya completamente hecho y a punto, pero sí que él contribuyó enormemente en su formación. Sus detractores, sobre todo propagandistas judíos, presentan la ideología nacionalsocialista como las fantasías de psicópatas pero de hecho, el nacionalsocialismo era coherente y con una excelente base filosófica-social trabajada y preparada por grandes pensadores y estudiosos. Contrariamente a la imagen popular de Hitler, éste fue un pensador y filósofo de primera magnitud. El profesor de historia de la Ball State University de Indiana Lawrence Birkin dice que Adolf Hitler “tenía la facultad de presentar su mensaje de forma atractiva y accesible. El factor más atractivo de la ideología de Hitler fue su entusiasmo. No era meramente su forma de ser, sino que su mensaje levaba una imparable excitación. Fue un Mesías secular proclamando una versión alemana “de la Buena Nueva”. La posibilidad de la reconciliación de clases, los planes para una revitalización nacional, la identificación de un enemigo universal, etc., todo ello removía interiormente a sus audiencias. Hitler hablaba la lengua de los filósofos de la Ilustración, una lengua que casi había desaparecido en los estratos de la “grand intelligentsia”.

A pesar de que ha sido castigado sin descanso como “el más importante racista del siglo XX”, la visión racista de Hitler estaban en armonía perfecta con las corrientes de los siglos XIX y XX del pensamiento europeo. Lejos de ser rara o aberrante, su visión de la raza eran coherente con los occidentalistas más prominentes de las décadas previas a la II Guerra Mundial, como Woodrow Wilson o Winston Churchill, por ejemplo, entre muchos otros.

Contrariamente a la creencia popular, Hitler nunca apoyó ningún programa de engendramiento de una raza homogénea rubia de “super-arios”. Eso fue propaganda. Él aceptaba plenamente la realidad de que el pueblo alemán estaba formado por diferentes grupos sub-raciales y abogaba por  la unidad social y nacional. Hitler pensaba que un cierto nivel de variedad racial era deseable, y un exceso de mezcla racial o al contrario homogeneidad, podía ser dañino porque homogeneizaba y por ello eliminaba los trazos genéticos superiores e inferiores que siempre eran necesarios.

Se acusa a Hitler de haber prohibido a otros partidos políticos y eso fue cierto y los comunistas otro tanto, pero no sólo llegó democráticamente al poder, a diferencia de los jerifaltes comunistas, sino que ya en su programa político y en su primer discurso como mandatario en el Sport Palast de Berlín en 1933, pidió a Alemania cuatro años de total autoridad para acometer los cambios que el país necesitaba y que es exactamente lo que hizo. El pueblo se los concedió.

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4 Agosto 2014

REPATRIACIONES FORZADAS (y 2)

Muchos de los antiguos emigrados habían luchado junto a los aliados en la I Guerra Mundial. El 12 de Enero de 1947, los generales Krasnov y Shkuro junto al comandante alemán de 15 División Cosaca de Caballería, el general Helmuth von Pannwitz, fueron ejecutados tras 19 meses en la espantosa prisión de la Lubianka. Muchos de los demás cosacos y oficiales alemanes de las unidades cosacas también fueron ejecutados. Según el autor “de esta manera, el gobierno británico había sentenciado a muerte sin juicio a oficiales alemanes que habían sido capturados como prisioneros de guerra”.

El Brigadier Geoffrey Musson, que había entregado a estos cosacos a los soviéticos, dijo que había recibido órdenes orales de sus superiores de devolver a los cosacos bajo su control a los comunistas, independientemente de su nacionalidad. Algunos documentos sobre este incidente particular siguen siendo “clasificados” y otros “desaparecieron misteriosamente”. Tolstoy cree que “la entrega de Krasnov y Shkuro y los oficiales en Lienz, no fue algo hecho por un oficial bajo presión sino una operación planificada con mucho cuidado. El motivo fue el cooperar con las fuerzas soviéticas en Austria”. Los oficiales que ordenaron el forzar la repatriación se sorprendieron por la alarma que expresaron sus refugiados al saber que iban a ser transportados hacia el este. El teniente Michael Bayley explicó cómo los campesinos que habían trabajado como trabajadores a la fuerza en granjas alemanas, rogaron el poder quedarse en Alemania. El perplejo oficial británico recibió la explicación de miembros de la División Blindada Polaca de que “está claro que los campesinos rusos estarán mejor fuera de Alemania”.

Otro oficial explicó que el y sus compañeros creían que lo temores de los cosacos no tenían fundamento. La propaganda británica de guerra mostraba a la URSS como “un tipo de estado socialista utópico... y que serían compasivos con toda esa gente a los cuales teníamos que devolver”. A través de la guerra hubo un silencio de las noticias no favorables al sistema soviético y por lo tanto fue una gran sorpresa para los militares que tenían que llevar a cabo las devoluciones, ya que creían que la URSS estaba gobernada por las “4 Libertades” y que los refugiados rusos no debían temer nada de su propio gobierno.

Las protestas contra la política de repatriación se iniciaron en el verano de 1945. El comandante del 2º Cuerpo Polaco, el general Anders, se quejó de que los soviéticos trataban de secuestrar a ciudadanos polacos. El 5 de Julio de 1945, el Vaticano envió una súplica al Foreign Office británico y al Departamento de Estado USA diciendo que miles de ucranianos en occidente no deberían ser enviados a Rusia. John Galsworthy del Foreign Office dijo “No deseamos atraer la atención sobre este aspecto del Acuerdo con la Unión Soviética el cual está, por supuesto, en oposición a nuestra tradicional actitud hacia los refugiados políticos...”

Otras quejas vinieron de los comandantes de ocupación Aliados. En Italia, El Mariscal de Campo Alexander, finalmente le dijo a la Misión Soviética de Repatriación bajo las órdenes del general Basilov, que a él no se le permitiría amenazar a los ucranianos que no quisiesen el regresar a Rusia. También el general Eisenhower veía con disgusto el uso de la fuerza contra los refugiados rusos y prisioneros de guerra. Paró durante un tiempo las operaciones de repatriación y preguntó a  sus superiores en Washington qué hacer definitivamente a este respecto. El Mariscal de Campo Montgomery siguió también este criterio y en el otoño de 1945 ordenó que no se utilizase la fuerza para repatriar a los rusos. A pesar de ello, luego ambos gobiernos asumieron la carga de seguir con esa política de repatriación.

Galsworthy del Foreign Office escribió “Hacía tiempo que asumimos que no podíamos tratar de salvar a los rusos de su gobierno, de todas formas mucho de lo que deseábamos poder hacer era puramente de carácter humanitario”. Desde luego hay que tener cara para decir eso... Tolstoy defiende que los diplomáticos aliados querían continuar la cooperación con los soviéticos en la construcción de un nuevo orden tras la guerra. “Las sugerencias de que la Unión Soviética podría representar una amenaza potencial, a pesar de ser hábilmente presentadas, eran ridiculizadas... los dirigentes del Foreign Office mantenían que las intenciones de Stalin hacia occidente eran buenas y que trabajar cooperando con él era esencial para los intereses británicos. El destino de los rusos cuyo retorno fue forzado por los británicos, fue un infortunado pero inevitable sacrificio por un bien mayor”.

Nikolai Tolstoy ha demostrado que los aliados fueron culpables de no cumplir los principios de la ley británica y de la Convención de Ginebra. Quizás del libro de Tolstoy se puede decir que pone el énfasis en lo que hicieron concretamente los británicos y olvida o menciona mínimamente lo que hicieron los americanos y no sólo con los rusos, sino con los alemanes también. De todas formas es un libro que aporta luz a un periodo tenebroso y de venganza sin sentido que hemos de saber y conocer, para valorar quienes ganaron la guerra y en manos de quién estuvimos desde entonces...

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28 Julio 2014


REPATRIACIONES FORZADAS (1)

Ya he comentado en algún artículo reciente la tragedia de los prisioneros rusos de guerra en manos alemanas que fueron devueltos a la Unión Soviética por los aliados. Muchos de ellos estaban en campos de concentración, otros estaban trabajando en la construcción y otros encuadrados en divisiones al servicio de Alemania, como el Ejército de Vlasov o los cosacos. La tragedia de estos hombres por haberse rendido ante los alemanes empezó en 1943 y llegó hasta 1947 cuando Inglaterra y los USA, devolvieron a casi 2,5 millones de prisioneros y refugiados a la Unión Soviética, sin tener en cuenta sus deseos individuales de futuro. Se añadieron también miles de antiguos emigrantes que habían huido de la revolución bolchevique y de la guerra civil en Rusia, que fueron enviados a la Unión Soviética a la fuerza, e incluso descendientes de rusos que nunca habían vivido en la Rusia.

La repatriación forzada de rusos al final de la II Guerra mundial ha sido tratada en diversos libros que vale la pena que conozcáis, aunque no es un tema popular por lo vergonzoso del asunto y el final del mismo. Ya en 1964 apareció el libro “The East Came West” de Peter Huxley-Blythe.  En 1973 “Operation Keelhaul: The Story of Forced Repatriation from 1944 to the Present”, de Julius Epstein. En 1974 el libro de Nicholas Bethell titulado “The Last Secret: Forcible Repatriation to Russia 1994-1947”. También “Victims of Yalta”de 1977 del Nikolai Tolstoy se sumó a este asunto. Este último autor lanzó un libro de 1978 que complementa el anterior y titulado “The Secret Betrayal” y que creo que es el más completo y actual. Entre 1971 y 1978 se desclasificaron muchos documentos aliados por lo que el libro está sólidamente sustentado, además de información a través de entrevistas y correspondencia con políticos, militares que llevaron a cabo las repatriaciones y víctimas que lograron sobrevivir. En este libro aparece reflejada la participación y culpabilidad de Inglaterra en las repatriaciones forzadas.

Como ya he dicho en artículos anteriores, con la invasión aliada en Normandía en Junio de 1944, miles de prisioneros rusos cayeron en manos aliadas. Muchos eran trabajadores forzados en la construcción del Muro Atlántico para la Organización Todt. Otros eran simples refugiados que vivían en Francia. De todas formas, los aliados se sorprendieron al descubrir que miles de ellos se había alistado en la Wehrmacht. El Ministro de Exteriores soviético Molotov, dijo en Mayo de 1944 que el número de rusos sirviendo en el ejército alemán era “insignificante”. Hoy se sabe que cerca de un millón de ellos se unieron al otros bando. Eso sí, con escasa fortuna militar y con la desconfianza de Hitler. A finales de Junio, el Foreign Office británico decidió repatriar a todos los prisioneros de guerra rusos, sin tener en cuenta las consecuencias de esa política. Y sabían lo que opinaba Stalin de los prisioneros de guerra...

El 24 de Junio de 1944, Patrick Dean, Asistente Legal del Foreign Office, declaró que “De forma debida, a todos esos con los que las autoridades soviéticas desean contactar... serán entregados a las mismas, y no nos preocupa el hecho de que puedan ser ejecutados o de otra forma deberán ser tratados con dureza bajo la ley británica”. La “War Office” tenía otra visión. El SOE (Special Operations Executive, una organización creada en Noviembre de 1940 para fomentar y ayudar a los grupos de resistencia en los países ocupados por los alemanes), había distribuido unos panfletos a los rusos en el ejército alemán, prometiéndoles que los que se rindiesen a los aliados recibirían asilo político si lo deseaban. A pesar de las protesta, la visión militar no pudo imponerse a la del Foreign Office para darle la vuelta a esta decisión unilateral de retornar a todos los rusos a los soviéticos.

El ministro británico de Asuntos Exteriores Anthony Eden fue, según Tolstoy “responsable de iniciar esta política” logrando un acuerdo con los soviéticos para la repatriación en la Conferencia de Moscú en Octubre de 1944. Los USA se unieron a Inglaterra y a la Unión Soviética reafirmando el programa de repatriación de rusos en la Conferencia de Yalta. Sin embargo, nada del acuerdo sobre prisioneros de guerra se refería al retorno de los ciudadanos soviéticos que no habían podido regresar a la URSS. Ni se decía nada de esos que nunca habían sido ciudadanos de la URSS y que se entregaron también a Stalin. Durante el verano de 1944, los ingleses empezaron a entregar a miles de prisioneros de guerra a la URSS. Cuando se les informó de su destino, muchos de los prisioneros se suicidaron. El Foreign Office hizo lo que pudo para suprimir estas noticias sobre los suicidios porque como dice Patrick Dean “esos suicidios podrían causar problemas en Inglaterra”.

Los militares británicos que entregaron a los prisioneros en puertos soviéticos, como en Murmansk o en Odessa, fueron testigos de cómo los equipos de ejecución de la NKVD mataban a los rusos tal como salían de los barcos. Respondiendo a una solicitud de que se debería tener misericordia con aquellos que no deseaban volver a la URSS, Eden escribió que “lo acordado en Yalta debía ser cumplido y no podemos ser sentimentales”. Al tiempo que la guerra en Europa terminaba en Mayo de 1945, otros dos millones de rusos se habían rendido a los ingleses y americanos. Se montaron las llamadas “Comisiones Soviéticas de Repatriación” en la Europa Occidental, gestionadas por agentes de la NKVD y el SMERSH. A veces, los soviéticos decía que Stalin había proclamado una amnistía total. Muchos rusos prisioneros recibían "picaban" y alborozados la noticia de que podían regresar a sus hogares con sus familias. Otros miles tenían claras las consecuencias si caían en las garras de los agentes de Stalin. Algunos pidieron la protección de la Convención de Ginebra sobre los prisioneros de guerra. Otros esperaban instalarse en un país no comunista.

Los británicos usaron artimañas en un esfuerzo de repatriar a los elementos anti-comunistas tan fácilmente como fuese posible. Por ejemplo, al finalizar la guerra, unos 50.000 cosacos estaban en la zona controlada por los ingleses de Austria. Junto a 100.000 georgianos, los cosacos habían luchado con los alemanes contra los soviéticos y se habían retirado con sus familias al interior del Reich hasta el final de la guerra. Cuando se repatrió a los miembros del 15 Cuerpo de Caballería Cosaca, los ingleses les engañaron diciéndoles que serían los primeros en ser enviados a Italia y de allí a Canadá. En otros momentos se utilizaron tropas para reducir a los cosacos desarmados hombres, mujeres y niños y forzarlos a entrar en trenes o camiones. Muchos de ellos mostraban documentos probando que eran ciudadanos franceses, italianos, yugoslavos o registrados como apátridas con pasaportes de Nanssen, obtenidos de la Liga de Naciones.

Uno de los puntos más vergonzosos de esta historia fue la entrega a Stalin de los oponentes al régimen comunista que técnicamente estaban exentos de repatriación por el hecho de que nunca habían sido ciudadanos soviéticos. La definición acordada de “ciudadano soviético” era “una persona nacida o residente antes del 1 de Septiembre de 1939, dentro de las fronteras de Rusia (que no hubiesen obtenido otra nacionalidad o un pasaporte Nanssen de apátrida)...”. Según esta definición, miles que habían abandonado Rusia durante la Guerra Civil y se encontraron bajo control británico al final de la guerra, no deberían de haber sido enviados a la URSS. Entre los miles entregados a Stalin, estaba el viejo general zarista Peter Krasnov, Andrei Shkuro, el líder de caballería que luchó por el Zar, que había sido condecorado por los británicos en la I Guerra Mundial y que había luchado con los alemanes en la 1ª División de Caballería Cosaca. O el líder caucasiano el Sultán Kelech Ghirey.

Los militares británicos informaron a estos hombres que estaba citados a una reunión con el Mariscal de Campo británico Alexander. Se montaron en camiones y se entregaron a los soviéticos en Austria. Como dice Tolstoy en su libro “Incluso las autoridades soviéticas que les recibieron estaban asombradas de los ingleses hubiese incluido a estas personas en las entregas. En Judenberg, el punto de entrega en Austria, el general del Ejército Rojo Dolmatov preguntó sorprendido por qué  eran entregados los antiguos emigrados rusos. Las autoridades soviéticas nunca lo habían solicitado. Los interrogadores del NKVD estaban francamente incrédulos”

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27 Julio 2014

¿FUE UNA “GUERRA BUENA”?

En algún artículo he hablado de que la II Guerra Mundial se considera por la historia oficial como una guerra buena o entre el “bien y el mal”. Y por ello justificada en todos los aspectos. Ya sabéis que yo no estoy de acuerdo con ello. Por principio las guerra no son buenas y no lo son por muchas razones entre ellas los muertos, la destrucción y la falta a la verdad. El tópico de que “la historia la escriben los vencedores”, aunque manido sigue siendo cierto y aceptado por la gran mayoría de los ciudadanos. No se discute. Fue a sí y ya está.

El periodista de origen judío Richard Cohen lo tiene claro. Trabajó para la “United Press International” en Nueva York y también como reportero para el “Washington Post”. Fue acusado por una colega de acoso sexual y condenado por conducta inapropiada. También ha sido finalista para el Premio Pulitzer en cuatro ocasiones. Pues como decía, el amigo judío Cohen dice sin titubear “Sí, fue una guerra buena” y todo ello con tono desafiante ante el pacifista Nicholson Baker autor del libro “Human Smoke” de 2008, en el cual defiende la tesis de que la II Guerra Mundial produjo más maldad que bondad. El libro de Baker utiliza recortes de prensa y frases de líderes del Eje y Aliados a medida que iban entrando en el cataclismo que fue la guerra. De hecho me atrevo a decir que es un libro que narra virtualmente los días que llevaron a la II Guerra Mundial.

En el libro podemos encontrar referencias que aparecen en el libro de Pat Buchanan “Churchill, Hitler and the Unnecessary War”, libro imprescindible para entender las cosas que no explica la historia oficial. Hay cosas que dice el amigo judío Cohen que son de una obviedad infantil. Como que hay cosas por la que vale la pena luchar: Dios, patria, familia y libertad. Los mártires siempre han inspirado a los hombres y frente a ciertas maldades, el pacifismo no es la respuesta. La resistencia, incluso hasta la muerte, es algo que puede pedirse a un hombre. Me gustaría ver a Cohen si es capaz de dar la vida por ello y por los USA... Pero cuando uno declara la guerra que produjo Hiroshima, Nagasaki y el  famoso Holocausto, la frase “Guerra Buena” adquiere su dimensión y nos provoca la siguiente pregunta: ¿buena para quién?

Para proteger supuestamente a Polonia, Inglaterra y Francia declararon la guerra el 3 de Septiembre de 1939 a Alemania, que no se la había declarado a ninguna de las dos naciones, ni tenía nada contra ellas. Durante 6 años, Polonia fue ocupada por Alemania y luego por los soviéticos. Al final de la guerra, se estima que los muertos polacos fueron alrededor de 6 millones. Polonia cayó en las garras del comunismo durante casi 50 años. Unos 20.000 oficiales polacos fueron masacrados en Katyn. El Ejército Interior Polaco que se levantó en 1944 contra los alemanes, fue machacado mientras los rusos miraban desde el otro lado del río Vistula. Cuando los aliados celebraban la victoria sobre Hitler en Mayo de 1945, Polonia y otros países europeos comenzaban casi 50 años de tiranía bajo los sátrapas de Moscú. ¿Fue una “Buena Guerra” la II Guerra Mundial para los polacos?

¿Fue una “Buena Guerra” para Lituania, Estonia y Letonia ocupadas por el Ejército Rojo en Junio de 1940, y cuyos ciudadanos vieron cómo asesinaban a sus líderes o los deportaban al Gulag sin regresar jamás? ¿Fue una “Buena Guerra” para los finlandeses que perdieron Karelia y miles de soldados en la Guerra Invernal?

¿Fue una “Buena Guerra” para Húngaros, Checos, Yugoslavos, Rumanos y Albanos que acabaron tras el “Telón de Acero”. En Hungría era difícil encontrar una mujer por encima de los 10 años que  no hubiese sido violada por los “liberadores” del Ejército Rojo. Fue una “Buena Guerra” para los 13 millones de alemanes civiles étnicamente expulsados de la Europa Central y los 2 millones que que murieron en el éxodo? ¿Fue una “Buena Guerra” para los franceses que se rindieron a las seis semanas de lucha en 1940, y tuvieron que ser liberados por los americanos y británicos tras cuatro año de colaboración y el gobierno pro-alemán de Vichy?

¿Y que tan buena fue la guerra para Inglaterra? Fueron a la guerra por Polonia, pero Churchill abandonó Polonia a Stalin. Inglaterra fue vencida en Noruega, Francia, Grecia, Creta y el desierto occidental, resistieron hasta que los USA llegaron y se unieron a la liberación de la Europa Occidental. Y al final en 1945, Inglaterra estaba desangrada y en bancarrota y la gran causa en la vida de Churchill, preservar su amado Imperio Británico, se perdió. Debido a la “Buena Guerra”, Gran Bretaña nunca volvería a ser grande de nuevo.

¿Y fueron los métodos utilizados por los aliados con sus bombardeos de terror sobre Japón y Alemania, matando a cientos de miles de niños y mujeres, quizás millones, uno de los pilares de la “Buena Guerra”? Nuestro amigo judío Cohen sostiene que la maldad del Holocausto la convierte en una “Buena Guerra”. Pero la destrucción de los judíos en Europa fue la consecuencia de esa guerra, no su causa. Lo que hicieron los japoneses en Nanking, China, fue también horrible. Pero los USA aplastando a Japón, no llevó a la liberación de China. Cuatro años de guerra civil fueron seguidos por 30 años de locura maoista en la que más de 50 millones de chinos fueron aniquilados por el comunismo. Para los USA, la guerra fue Pearl Harbor y Midway, Anzio, Iwo Jima, Normandía, Bastogne, etc. Días de gloria que llevaron al triunfo y al siglo americano.

Pero para Stalin también fue una “Buena Guerra”. Desde su pacto con Hitler se anexionó partes de Finlandia y Rumania y las tres Repúblicas Bálticas. Sus ejércitos se afianzaron en Berlín, Varsovia, Praga y Budapest. Sus agentes buscaban información en Roma y París. Su aliado se instaló en Corea del Norte. Su protegido, Mao, iba a incluir China en su imperio. Pero no fue una “Buena Guerra” para los reclusos de Kolyma o los prisioneros de guerra rusos devueltos a Stalin durante la operación Keelhaul del presidente Truman.

Dice el amigo judío Cohen que fue una guerra que reemplazó la dominación de Hitler sobre Europa con Stalin y el mando japonés sobre China por Mao ¿fue una “Buena Guerra" con esos resultados? Sigue el amigo judío Cohen “¡Debíamos detener a los asesinos!”. ¿Pero quienes fueron los grandes asesinos?: ¿Hitler o Stalin?, ¿Tojo o Mao Tse Tung?.

¿Puede una guerra en la que murieron más de 50 millones de personas y en el que el continente de cultura greco-romana fue destruido, la mitad de la población esclavizada, una guerra que ha acelerado la muerte de la civilización occidental, puede ser realmente celebrada como una “Buena Guerra”?

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24 Julio 2014

VALKIRIA (y 3)

Tras marcharse del Centro de Mando sin problemas, Remer comentó con su adjunto Siebert sobre qué debía hacer. Su papel clave en esta situación tan difícil y compleja, que él no había provocado, era cada vez más clara. Tras evaluar la situación lo más cuidadosamente posible, con la información obtenible, decidió que a pesar de la orden de von Hase iría a ver a Goebbels. Sus razones para este proceder fueron:

1) Bajo ninguna circunstancia no quería ser privado de su margen de actuación, como a veces sucedía en el frente. Muchas veces había una línea muy delgada entre ser condecorado o ser condenado a muerte por una corte militar.

2) Se sentía muy comprometido con su juramento. Los informes sobre la muerte del Führer seguían siendo confusos o dudosos. Por lo tanto, él creía que debía actuar en función de su juramento y su bandera.

3) En el frente, tuvo en muchas ocasiones que tomar decisiones por sí mismo, cuya corrección fue premiada con las condecoraciones que lucía. Muchas veces una situación debe solucionarse con una acción decisiva.

4) Remer tenía en su mente los planes de Goebbels de alertar a las Waffen SS, creando la posibilidad que se llevase a cabo una guerra fraternal entre dos fuerzas probadas en combate. Y como comandante de la única unidad de élite en Berlín en activo, era responsable de las vidas de los hombres que confiaban en él. Emplearles en un asunto tan confuso no era su deber.

Sin embargo, tampoco se fiaba del todo de Goebbels, ya que aún asumía que Hitler había muerto y creía que podría haber una lucha por la sucesión. No quería sentirse bajo una Espada de Damocles. Debido a que el papel de Goebbels tampoco quedaba claro, Remer se llevó consigo al Teniente Buck y un batallón de soldados. Sus órdenes eran entrar y que le liberararan sus hombres si no salía de la residencia de Goebbels en 15 minutos. Tras quitar el seguro de su pistola, entró en la oficina del ministro, algo que él deseaba hacia tiempo y pidió a Goebbels que le orientase. Goebbels le pidió explicarle todo lo que sabía. Lo hizo, pero sin revelarle que von Hase quería arrestarle ya que Remer no estaba seguro del papel de Goebbels. Cuando Goebbels le preguntó qué pensaba hacer, le dijo que él cumpliría las órdenes que tenía. Incluso si el Führer estaba muerto, se sentía obligado a su juramento y sólo actuaría de acuerdo con su conciencia como oficial. En ese momento Goebbels le miró fijamente y le dijo “¿De qué está hablando? ¡El Führer está vivo! He hablado con él por teléfono. ¡El asesinato ha fracasado! Le han engañado”.

Esta información fue una auténtica sorpresa para Remer. Cuando escuchó que el Führer estaba vivo, sintió un gran alivio. Pero aún tenía sospechas. Le solicitó a Goebbels su palabra de honor de que lo que decía era verdad y que estaba incondicionalmente con el Führer. Goebbels dudó al principio porque parecía no entender la razón de su solicitud. Solo tras repetirle de que como oficial necesitaba su palabra de honor para ver claro qué debía hacer. Goebbels descolgó el teléfono y en segundos estaba conectado con la “Guarida del Lobo” en Rastenburg, Prusia Oriental. Para su sorpresa el mismo Hitler se puso al aparato. Goebbels le explicó de forma clara y rápida la situación y luego le pasó el auricular a Remer. Adolf Hitler le dijo “Mayor Remer, ¿puede oírme? ¿Reconoce mi voz? ¿Me entiende?” Remer contestó afirmativamente, pero estaba aún aturdido. Pensó en un segundo que podía ser alguien imitando la voz del Führer. Para asegurarse, Remer estaba familiarizado con la voz del Führer desde el año anterior, cuando tras ser condecorado con las Hojas de Roble a su Cruz de Caballero, estuvo a solas hablando durante una hora con él. Comentaron de forma franca sobre los problemas y miserias en el frente.

Tal como continuaron hablando al teléfono que se convenció de que realmente estaba hablando con Hitler.
Hitler siguió “Como puede ver estoy vivo. El asesinato ha fracasado. La Providencia no lo permitió. Un pequeño grupo de oficiales ambiciosos, desleales y traidores querían matarme. Ahora estamos capturando a esos saboteadores del frente. Acabaremos rápido con esta plaga traidora y por la fuerza bruta si es necesario. Desde este momento, Mayor Remer, le doy la completa autoridad en Berlín. Usted es responsable ante mi de la completa restauración del orden, la paz y la seguridad en la capital del Reich. Usted permanecerá bajo mis órdenes directas en este asunto hasta que el Reichsführer Himmler llegue a Berlín y le reemplace de esta responsabilidad”.

Las palabras del Führer eran calmadas, determinadas y convincentes. Esta conversación eliminó todas las dudas que Remer tenía. El juramento de soldado que él había asumido por el Führer seguía vigente y guiaría sus actos. Ahora su objetivo era eliminar los malentendidos y evitar un baño de sangre innecesario, actuando rápido y decisivamente. Goebbels le solicitó que le informase del contenido de la conversación con el Führer y le preguntó qué pensaba hacer a partir de ese momento. Puso las habitaciones de la planta inferior a su servicio y Remer instaló ahí su nuevo puesto de mando. Eran las 18:30 aproximadamente y unos 15 minutos después llegó el primer informe del ataque con bomba en el cuartel general del Führer, radiado a través del Gross Deustcher Rundfunk.

Debido a sus visitas al Centro de mando de Berlín, Remer tenía una idea aproximada de las disposiciones militares de las unidades del Gran Berlín. Para permitir que sus comandantes conociesen la verdadera situación, envió despachos oficiales con la información. El éxito fue absoluto. La pregunta “El Führer, ¿está con él o contra él?” obró milagros. Se debe decir que cada uno de esos comandantes, al igual que Remer, estaban ultrajados por lo que había pasado y se pusieron a sus órdenes a pesar de que en algunos casos tuviesen rangos superiores al suyo. Y demostraron cumplir su juramento. Sin embargo en algunos puntos la situación era tensa aún. En dos ocasiones hombres de su regimiento estuvieron a punto de sufrir el fuego de unidades que seguían órdenes de los amotinados. En la Fehrbelliner Platz, una unidad acorazada que seguía las órdenes de los conspiradores se había reunido allí esperando órdenes de los mismos. Pero una orden radiada por el General Guderian, les apartó del control de los conspiradores. Remer intervino personalmente en situaciones muy tirantes en las que se estuvo a punto de abrir fuego.

Podemos imaginar la confusión existente ese 20 de Abril de 1944 en Berlín. Remer llevó a una brigada de reemplazo desde Cottbus hasta las afueras de Berlín, como una  reserva de combate.  Y puso a sus tropas alrededor del complejo de la Cancillería y formó más unidades en los jardines de la residencia de Goebbels. Luego mandó sellar el Centro de Mando de la Ciudad. También supo que ninguna policía militar había ido a arrestar al Dr. Goebbels. von Hase estaba en su cuartel general como comandante tal como le habían indicado los conspiradores. Entre ellos estuvieron discutiendo unas dos horas sin tomar ninguna decisión. Cuando Remer supo que von Hase estaba allí, le telefoneó para decirle que viniese a su puesto de mando en la residencia de Goebbels, para clarificar la situación. von Hase rechazó su petición y le dijo que como subordinado, él tendría que ir a su Centro de Mando. Remer le dijo que había sido ordenado como subordinado directo del Führer, para restaurar el orden y la paz y por lo tanto von Hase estaba a sus órdenes. Y que si no venía libremente a verle, le mandaría arrestar. Sólo entonces, el general fue a ver Remer.

Cuando le recibió, Remer tenía la sensación de que von Hase, que había sido muchas veces su invitado en el club de oficiales y que frecuentemente expresaba su solidaridad con los soldados del frente y que nunca omitía un “Sieg Heil” a su amado Führer, estaba engañado como Remer lo había estado, y que no era consciente de los acontecimientos. Remer se disculpó por su proceder con él, pero en ese momento von Hase era la afabilidad en persona y le felicitó por su independencia y decisión en verse con Goebbels. Incluso con Goebbels, von Hase actuó como inocente y que no tenía nada que ver con ninguna conspiración. Se le pidió que permaneciese allí para más información posterior en una habitación para él. Y hubo un incidente muy descriptivo cuando von Hase abandonaba el despacho de Goebbels. En esos tensos momentos von Hase dijo que había estado ocupado todo el día y que no había comido nada. Goebbels le ofreció un bocadillo y le preguntó si deseaba vino del Mosela o del Rin. Tan pronto como von Hase salió del despacho, Goebbels saltó diciendo: "Mi nombre es Hase y no sé nada... ese el material del que están hechos este tipo de generales del golpe revolucionario. Con todo el asunto candente, desean comer y beber y llaman a sus mamás por teléfono. En su lugar me dejaría arrancar la lengua antes de solicitar cosas así”

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23 Julio 2014

VALKIRIA (2)

Esta solicitud algo inusual a sus hombres había sido la consecuencia de una llamada telefónica que recibió durante la reunión en Berlín del general Friedrich Olbricht, creía recordar. Le solicitó una de sus compañías para una misión especial.  Esta solicitud que rechazó explícitamente, señalaba que había interés en dispersar a sus fuerzas. Tras la reunión con sus hombres, recibió dos informes que le inquietaron.

El primero era del primer teniente Dr. Hagen, miembro de su equipo, que le informó que mientras iba hacia los cuarteles, había visto al Mariscal de Campo Brauchitsch, con su uniforme al completo, conduciendo su coche por las calles de Berlín. Esto era raro ya que el Mariscal de Campo ya estaba retirado del servicio activo. Dadas las circunstancias, su presencia en uniforme parecía algo destacable. Más tarde quedó claro que el oficial que había visto el Dr. Hagen no podía haber sido Brauchitsch. Probablemente era uno de los conspiradores.

El segundo informe desconcertante era el del Teniente Coronel Wolters, que había sido agregado a su regimiento como oficial de enlace por el Centro de Mando. Le dijo que no creyese que él estaba ahí como chivato. Esa aclaración era algo que estaba fuera de lugar y nadie había pedido. No sólo era incongruente y molesto, despertó precisamente la sospecha que trataba de evitar: allí pasaba algo. La reunión que tuvo con sus oficiales había despertado los recelos de Wolters. Y para evitar responsabilidades, sencillamente se fue a casa, algo totalmente inconcebible para un oficial en servicio activo.

Remer tenía sus dudas de que lo que le había explicado el general von Hase se ajustase a los hechos. También dudaba de otra versión de la historia según la cual las SS habían asesinado a Hitler. Estas dudas le convencieron de que tenía que determinar los hechos por sí mismo. Decidió llamar a todos los puestos de mando que pudo. Era un reconocimiento básico, algo que podía hacer cualquier oficial antes de encomendarse a sus tropas. No es necesario decir que este tipo de pensamiento y acción es algo totalmente diferente a lo que dicen los que denigran al Reich y su obediencia ciega de los militares, como si fuesen robots. Entre otras cosas, decidió enviar al Primer teniente Dr. Hagen, que se había presentado voluntario, al Comisionado de Defensa del Reich en Berlín, Dr. Goebbels. El Dr. Hagen había trabajado con el Dr. Goebbels en el Ministerio de Propaganda, y Remer consideraba que si despachaba con Goebbels, le llegaría información de primera mano sobre la situación militar y política. Como consecuencia de sus dos cargos, Ministro y Comisionado, Goebbels también era el jefe de la División “Grossdeutschland” en Berlín, que la formaban soldados de todas las provincias del Reich.

Una hora y media después de haberse dado la orden “Valkiria”, su regimiento ya en orden de combate, se desplazó hasta las zonas que debían ser selladas según las órdenes. Las unidades de guardia normales como la del Memorial de Guerra o la del Bendlerblock, se mantuvieron en sus puestos. A las 16:15, el teniente Arends, el oficial en jefe en Bendelerbock, le dijo a Remer que se le había ordenado sellar todas las entradas al edificio. Un tal Coronel Mertz von Quirnheim, al que Arends no conocía, le había dado esa orden. También Arends había recibido la orden del general Olbricht, de que abriese fuego a cualquier unidad SS que se aproximase.

Tras inspeccionar personalmente a sus tropas en sus nuevas posiciones, sobre las 17.00 Remer regresó una vez a ver al Comandante de la Ciudad, general von Hasse, para informarle de que había llevado a cabo sus órdenes. A esa hora se le dijo que trasladase su puesto de mando al Centro de Mando de la Ciudad, justo detrás del Memorial de Guerra. Remer ya había montado su puesto de mando, bajo el teniente Gees, en el cuartel de Rathenow, con el que mantenía contacto telefónico. Luego, von Hase le dio otra misión adicional: sellar completamente un bloque de edificios al norte de la estación de tren de Anhalt, mostrándole el punto en el mapa de la ciudad.

Tal como llevaba a cabo las órdenes, se dio cuenta que el bloque designado de edificios era la Oficina Central de Seguridad del Reich. Lo poco claro, sin mencionar la decepción, de esta orden sin sentido sólo reforzó sus sospechas. Se preguntaba por qué no se le había dado la orden de poner una guardia simplemente en la Oficina Central de Seguridad del Reich. Evidentemente, Remer, sin discusión iba a llevar cabo incluso esa orden. Así, en su tercera visita al General von Hase, le preguntó directamente “Herr general, por qué recibo ordenes tan extrañas? ¿Por qué no se me ha dicho que vigile simplemente la Oficina Central de Seguridad del Reich?” von Hase estaba nervioso y excitado. N siquiera respondió a las preguntas de Remer. Alguien puede preguntarse cómo un joven oficial como Remer podía tomarse esas libertades con un general, pero ha de entenderse que esos jóvenes oficiales estaban endurecidos en el combate, eran líderes en la lucha y no tenían demasiado respeto por los oficiales que se pavoneaban en la retaguardia, lejos del peligro

Mientras estaba en el despacho de von Hase, escuchó una conversación entre el general y el primer oficial de su estado mayor, de que Goebbels había sido arrestado y que su custodia iba a pasar a él. Remer consideró que era un deber desagradable ya que intentaba contactar con Goebbels a través del Dr. Hagen. Remer saltó de su asiento y le dijo al General von Hase “Herr General, creo que no soy la persona para esa misión. Como usted sabe, he estado con la División “Grossdeutschland” y he llevado sus emblemas durante años. Esta misión sería muy poco caballerosa para mi, por lo que usted sin duda ya sabe el Dr. Goebbels por su capacidad como Gauleiter de Berlín, es al mismo tiempo el jefe de la “Grossdeutschland”. Hace sólo dos semanas hice un discurso ante él como nuevo comandante del Regimiento de Guardia. Por ello, considero inapropiado que yo, en particular, reciba la orden de arrestar a mi jefe”. Posiblemente von Hase simpatizó con sus argumentos y ordenó entonces que la policía militar arrestase al Dr. Goebbels y lo mantuviese bajo su custodia.

Sobre las 17:30 el teniente Dr. Hagen pudo al final reunirse con el Dr. Goebbels en su residencia privada en el nº 20 de la Hermann Göring Strasse, junto a la Puerta de Brandenburgo, tras haber intentado en vano verle en el Ministerio de Propaganda. Goebbels no tenía ni idea del peligro que corría. Sólo después de que el Dr. Hagen le señalase los vehículos de la guardia que pasaban por allí, Goebbels empezó a ser consciente de la situación. Exclamó “¡Eso es imposible! ¡Qué debemos hacer!” a lo que el Dr. Hagen sugirió “Lo mejor es que convoque a mi comandante aquí” Goebbels le preguntó “¿Su comandante es de total confianza?” el Dr. Hagen le dijo sin dudar “¡Daría mi vida por él!”.

Remer salió de la Oficina del Comandante de la Ciudad, y por fin vio la situación clara tras el contacto del Dr. Hagen con Goebbels. El Dr. Hagen había regresado conduciendo hasta el cuartel, dio instrucciones a Gees y fue directo al puesto de mando de Remer que estaba con la guardia reforzada. Para evitar sobresaltos, no entró en el edificio pero informó a su adjunto el teniente Siebert y al teniente Buck de la situación, diciéndoles que informasen a Remer sin demora. El informe decía lo siguiente: “¡Hay una situación completamente nueva! ¡Es posiblemente un golpe militar! ¡No se sabe nada más! ¡El Comisionado de Defensa del Reich les pide que vayan a verle lo antes posible! Si no están en 20‘ asumirá que han sido retenidos a la fuerza. En ese caso, él alertara a las Waffen SS. Para evitar al guerra civil, ha ordenado a la Leibstandarte, de permanecer en su puesto".

Cuando Remer supo esto de su adjunto, decidió ver de nuevo al general von Hase. Aún creía en el general, incluso en ese momento e hizo repetir el mensaje al teniente Buck de Goebbels, en presencia de von Hase. Remer no quería parecer un intrigante. Como oficial veterano le gustaba poner todas las cartas sobre la mesa. von Hase rechazó de forma clara su solicitud de cumplir con la convocatoria del Comisionado para la Defensa del Reich, Dr. Goebbels y por lo tanto Remer debía clarificar la situación en interés de todos los interesados.

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21 Julio 2014

VALKIRIA (1)

Ayer se conmemoró el 70 aniversario del atentado al Führer en Rastenburg, el 20 de Julio de 1944. Fue la llamada Operación Valkiria y la idea era terminar con la vida de Hitler, buscar la paz con los aliados y formar un nuevo gobierno. Ha habido libros, películas, comentarios, tertulias, etc., y sigue siendo un tema que Alemania analiza en cada aniversario tratando de arrojar luz a lo que pasó en realidad y a los actores que participaron.

El atentado tuvo lugar en el momento álgido de la batalla de Normandía, la lucha en Italia y el avance soviético hacia Polonia. Muchos de los participantes fueron juzgados y ajusticiados, alguno logró escapar y el golpe no obtuvo el objetivo buscado. No voy a entrar en valoraciones sobre los personajes que llevaron a cabo la acción, pero sí que me gustaría contar con la opinión de alguien que vivió la situación en Berlín en aquel 20 de Julio. Se trata de Otto Ernst Remer, que en Mayo de 1944 fue nombrado comandante del Regimiento de la Guardia “Grossdeutschland” en Berlín.

Otto Remer nació en 1912. Se alistó en el ejército en 1930 y durante la II Guerra Mundial sirvió como oficial de primera línea en Polonia, los Balcanes y en la campaña de Rusia. Fue herido en ocho ocasiones y obtuvo la Cruz Alemana en Oro, la Cruz de Hierro y otras condecoraciones. Es decir, estoy hablando de un militar alemán de primer orden.

En el caso que nos ocupa, Operación Valkiria, Remer tuvo un papel clave en hacer fracasar el golpe de Claus von Stauffenberg y otros conspiradores para matar a Hitler y tomar el control del gobierno alemán el 20 de Julio. Ese día, uno de los conspiradores Paul von Hase, ordenó a Remer y sus tropas que sellasen los edificios gubernamentales en el centro de Berlín y arrestasen al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels. Cuando todos pensaban que Hitler había muerto, Goebbels puso en contacto telefónico directo a Remer con Hitler, que le ordenó que arrestase a los conspiradores en la capital y acabar con el intento de golpe. Remer lo hizo rápido y sin coste alguno en vidas.

Promocionado a Coronel, tomo parte en la ofensiva de las Ardenas en Diciembre de 1944. Fue promocionado a Generalmajor el 30 de Enero de 1945. En las últimas semanas de la guerra estuvo el mando de una división panzer en Pomerania. Tras al guerra ayudó a fundar el Partido Socialista del Reich (SRP), que fue más tarde prohibido. Tras ser sentenciado por un tribunal a prisión por negación del Holocausto, emigró a España donde murió en el exilio en Octubre de 1997.

Si entramos en más detalle sobre la participación de Remer en Berlín hemos de conocer un poco cuales eran sus asignaciones en esa posición. Básicamente era un cargo como recompensa a su extraordinaria carrera militar y sus heridas. Estuvo sólo 4 meses allí, Valkiria incluida, hasta que solicitó regresar al frente con sus camaradas. Su misión como comandante fue para trabajos puramente ceremoniales, salvaguardar el gobierno y la capital del Reich. En aquella época había más de un millón de trabajadores extranjeros en Berlín y su extrarradio y siempre se tuvo en cuenta la posibilidad de un levantamiento. Sobre el mediodía del 20 de Julio, el primer teniente Dr. Hans Hagen, que había sido gravemente herido en el frente, acabó su charla sobre historia de la cultura frente a los oficiales y mandos del regimiento. Estaba en su regimiento solo administrativamente y no como oficial político nacionalsocialista, como a veces se ha dicho. Remer era el único líder tanto político como militar de la unidad.

Invitó a Hagen a un almuerzo en su oficina del cuartel en Rathenow, junto a su ayudante el primetr teniente Siebert. Éste, que había perdido un ojo en combate, fue pastor de la Iglesia Confesional, una rama de la Iglesia Protestante que se había opuesto a Hitler. Oficiaba cada Domingo en la iglesia de la Guarnición con el permiso expreso de Remer, a pesar de que él había abandonado la iglesia. Entre ellos la libertad era la regla de actuación.
En esos días algo así era perfectamente posible, sin repercusiones.  De todas formas, antes de que Remer escogiese a Siebert por su personalidad como ayudante, éste le confió que mientras fue un SA había entrado en una oficina de la Gestapo para coger documentos que incriminaban a sus compañeros de la Iglesia Confesional. Esta confesión le demostró a Remer que Siebert era un hombre fiable, como demostró.

A principios de la tarde de ese día, el regimiento como todas las unidades de reemplazamiento, estaban alerta por la palabra clave “Valkiria”, el código para poner en guardia a las tropas en la capital. Mientras que el regimiento de Remer puso en marcha las medidas acordadas, él fue convocado mientras estaba en la piscina. En cumplimiento de sus órdenes condujo su coche rápidamente al puesto designado para él, el Centro de Mando de la Ciudad de Berlín. Mientras que otros comandantes de unidad esperaban en la sala de espera, sólo él fue recibido por el comandante de la ciudad, Mayor General von Hase, que le entregó las órdenes sobre la situación y su tarea: “¡El Führer ha tenido un accidente fatal! El desorden civil ha estallado. ¡El ejército ha asumido la autoridad ejecutiva! Se ordena al Regimiento de la Guardia que concentre una fuerza potente, reforzada para el contraataque, con la orden de sellar el barrio gubernamental para que nadie, ¡ni un general o un ministro puedan entrar o salir! ¡Para ayudarle en el sellado de calles y pasos subterráneos, dispondrá del Teniente Coronel Wolters a sus órdenes!

Tal como se emitieron las órdenes, Remer estaba extrañado por la circunstancia de que un oficial joven del Estado Mayor, el Mayor Heissen asistiese, mientras que el antiguo oficial general al que él conocía personalmente, estaba de pie, como atontado y visiblemente nervioso. Podemos imaginar que Remer estaba casi en shock por todas las circunstancias repentinas que estaba viviendo y por las palabras del general, ya que creía que con la muerte de Hitler desaparecía un posible giro favorable de la guerra. Remer preguntó si el Führer estaba realmente muerto y si había sido un accidente o un asesinato, si habían habido revueltas civiles, etc., ya que él no había visto nada especial mientras conducía hasta allí por las calles de Berlín. También preguntó por qué se daba autoridad ejecutiva al Ejército y no a la Wehrmacht, quien sería el sucesor de Hitler ya que en el testamento de Hitler, Göring era su sucesor automáticamente. ¿Había emitido Göring alguna orden o proclamación?

Evidentemente, Remer no recibió información detallada alguna, ni respuestas claras a sus preguntas y la situación se fue volviendo más extraña y él sentía que algo no era de fiar en todo aquello desde el principio. Cuando trató de echar un vistazo a los papeles que estaban sobre la mesa, sobre todo para ver quién había firmado las órdenes, el Mayor Hayessen ostentosamente reunió todos los papeles y los puso en una carpeta. Mientras volvía a su regimiento pensaba que Hitler había muerto, reinaba la confusión y que varias personas tratarían de alcanzar el poder. De todas formas, decidió que en cualquier caso no debería perder la capacidad de comandar la única unidad militar de élite en Berlín. Su regimiento estaba formado totalmente por soldados veteranos con condecoraciones al valor. Cada oficial tenía la Cruz de Hierro. Estaba preocupado por los hechos de 1918, en los que se reprochó a la guardia de Berlín por su vacilación, que contribuyó al triunfo de la revolución. Y Remer no quería estar expuesto a un reproche similar ante la historia.

Cuando estuvo con sus tropas, reunió a sus oficiales y les informó de la situación y de las órdenes recibidas. La supuesta muerte de Hitler dejó en shock a los presentes. Nunca en su vida incluso en la rendición alemana había visto Remer tanto abatimiento. Y creo que a pesar de las historias que nos explican hoy sobre el suceso, este sentimiento fue cierto. No guardó ningún secreto a sus oficiales a pesar de que no todo estaba claro e incluso misterioso para Remer. Pidió expresamente la confidencialidad absoluta y la obediencia incondicional como en el frente, a cada uno de sus oficiales.

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20 Julio 2014

LA VERDAD... ¿EXISTE O NO? (y 2)

El respetado Richard Falk, una autoridad en ley internacional y enviado especial de la ONU en Palestina ya describió la situación en una ocasión “una pantalla de rectitud, legalidad y moralidad con imágenes positivas de los valores occidentales y la inocencia mostrada como amenazada, validan una campaña de violencia política sin restricciones. Está tan ampliamente aceptado que es virtualmente inatacable”. La permanencia y el patrocinio son los premios a los guardianes. En Radio 4 de la BBC, Razia Iqbal entrevistó a la novelista Toni Morrison, una negra americana poseedora del Premio Nobel de Literatura 1993 (ya sabéis lo que opino de estos premios...). Morrison se preguntaba porque la gente estaba tan disgustada con Barak Hussein Obama, que era tan “cool” y que deseaba construir una “economía fuerte y un sistema sanitario”. Morrison estaba orgullosa de haber hablado por teléfono con su héroe, que había leído uno de sus libros y le había invitado a una ceremonia.

Ninguna de las dos, entrevistadora y entrevistada, mencionaron las siete guerras de Barak Hussein Obama, incluyendo sus campañas de terror con “drones” y sus asesinatos selectivos, con lamentables “daños colaterales”. Lo que parecía importar a las dos mujeres es que un negro, que dicen que habla muy bien en público, había llegado a la institución más alta de poder en los USA. Frantz Fanon en su obra “The Wretched of the Earth” de 1961 (Los Miserables de la Tierra), escribió que la “misión histórica de los colonizados era servir de línea de transmisión con esos que mandan y oprimen”. Aquello fue profético... Actualmente, el empleo de las diferencias raciales por parte del poder y su propaganda en occidente, se ve hoy como algo esencial. Barak Hussein Obama es el paradigma de esa ingeniería social, a pesar de que el gabinete de George W. Bush y sus compinches belicistas fue el más multirracial de la historia de los USA.

Cuando la ciudad de iraquí de Mosul cayó en manos de lo yijadistas del ISIS, Barak Hussein Obama dijo “El pueblo americano ha hecho enormes inversiones y sacrificios para dar a los iraquíes la oportunidad de lograr un destino mejor” ¿Qué tan “cool” es esa mentira? ¿Cuanto de bien habló Barak Hussein Obama en su discurso en la Academia Militar de West Point el pasado 28 de Mayo? Mostrando su “estado del mundo” se dirigió en la ceremonia de graduación a esos que “tendrán el liderazgo americano” en todo el planeta. Barak Hussein Obama dijo “Los Estados Unidos utilizarán la fuerza militar, unilateralmente si es necesario, cuando nuestros intereses importantes lo necesiten. La opinión internacional cuenta, pero America no pedirá nunca permiso...”.

Repudiando la ley y los derechos internacionales de las naciones, el presidente USA clama por una divinidad basada en el poder de su “nación indispensable”. Es un mensaje familiar de impunidad imperial. Evocando la subida del fascismo en los años 30, Barak Hussein Obama dijo que “Creo en la excepcionalidad (norteamericana) en cada fibra de mi cuerpo” El historiador Norman Pollack escribió “Y para el líder grandilocuente, tenemos la frustración de las reformas, indolente en el trabajo, planificando y ejecutando asesinatos mientras sonríe...”. En Febrero, los USA montaron uno de sus “coloristas” golpes de estado contra el gobierno electo de Ucrania, aprovechando ventajosamente unas protestas genuinas contra la corrupción en Kiev. El financiero mundialista y especulador el judío-húngaro George Soros pagó la revolución que se cobró con el avión sin identificar que en la noche del 7 de Febrero, se llevó las 40 cajas selladas con todo el oro de Ucrania a los USA y empobreció el país. (http://www.taringa.net/posts/noticias/17785544/EEUU-se-robo-el-oro-de-ucrania.html).  Victoria Nuland, secretaria de estado de Barak Hussein Obama, seleccionó personalmente al líder de un “gobierno interino”, Arseni Yatsrnyuk, y le apodó “Yats”. El vice-presidente americano Joe Biden, fue a Kiev, como lo hizo el director de la CIA John Brennan. Las tropas de choque de su golpe fueron los fascistas ucranianos.

Y aquí viene algo delirante para nuestro estándares políticamente correctos y buenistas occidentales. Por primera vez desde 1945, un supuesto partido nazi y abiertamente antisemita, controla áreas clave del poder estatal en una capital europea. No ha habido ni un solo líder occidental que haya condenado este resurgimiento del fascismo. Han sido apoyados por el Ejército Insurgente Ucraniano (EIU), responsable de las matanzas de judíos y rusos en la II Guerra Mundial, a los que llamaban “parásitos”. Ese EIU histórico es la inspiración del partido actual del Partido Svoboda y sus compañeros de viaje Sector Derecha. El líder de Svoboda Oleh Tyahnybok ha pedido una purga de la “mafia moscovita-judía” y demás “escoria, incluyendo gays, feministas y esos de la izquierda política”.

Desde el colapso de la URSS, los USA han rodeado Rusia con bases militares, aviones nucleares y misiles como parte de la ampliación de la OTAN. Renegando de su promesa hecha al presidente Gorbachev en 1990, de que la OTAN “no se expandirá ni un centímetro hacia el este”, la OTAN ha ocupado militarmente el este de Europa. En el antiguo Caucaso Soviético, la ampliación de la OTAN es la mayor, militarmente hablando, desde la II Guerra Mundial. El regalo de Washington al golpe de régimen en Ucrania es ser Miembro del Plan de Acción de la OTAN. En Agosto, la “Operación Tridente Rápido” pondrá tropas americana e inglesas en la frontera de Ucrania con Rusia y al mismo tiempo, la operación “Brisa de Mar” enviará barcos de guerra USA a la vista de los puertos rusos. Imaginemos la respuesta si esos actos de provocación o intimidación, se llevasen a cabo junto a la frontera USA...

Reclamando Crimea, que Kruschev separó ilegalmente de Rusia en 1954, los rusos se defienden a a sí mismos como han hecho durante un siglo. Más del 90% de la población de Crimea votó por el retorno a Rusia. Crimea es el hogar de la flota del Mar Negro y su pérdida quiere decir la vida o muerte de la Marina Rusa y un premio para la OTAN. Confundiendo a los partidarios de la guerra en Washington y Kiev, Putin retiró tropas de la frontera ucraniana y urgió a los rusos étnicos del este de Ucrania a abandonar el separatismo. Desde el punto de vista “Orwelliano”, este hecho ha sido manipulado en occidente como la “amenaza rusa”. Hillary Clinton enlazó Putin con Hitler (¡como no!). Incluso en Alemania y sin ironía se ha dicho lo mismo. En los medios occidentales los neo-nazis ucranianos han sido tildados asépticamente como “nacionalistas” o “ultra nacionalistas”. Lo que temen es que Putin está llevando a cabo una inteligente maniobra diplomática y puede triunfar. Más de dos tercios de los ucranianos son ruso parlantes con lo que una maniobra bien llevada por Putin puede solucionar el asunto sin sangre.

Pero eso no es lo que busca el imperialismo americano contra Rusia, Ucrania es sólo un eslabón sin más importancia. Igual que en Irak y sus niños secuestrados y las mujeres y niñas afganas “liberadas”, aterrorizados por los señores de la guerra pagados por la CIA, estos ucranianos son inexistentes para los medios en occidente, su sufrimiento y las atrocidades cometidas contra ellos se minimizan o suprimen. No hay un sentido de la escala real del asalto del régimen en los medios de occidente. Pero esto tiene precedentes. Leyendo de nuevo la obra maestra de Phillip Knightley “La Primera Víctima: el Corresponsal de Guerra como Héroe, Propagandista y Creador de Mitos” uno puede renovar su admiración por Philips Price del Manchester Guardian, que fue el único periodista en quedarse en Rusia en 1917 durante la revolución bolchevique y explicó la verdad de la desastrosa intervención de los aliados occidentales. Con la mente clara, coraje y solo, Philips Price logró “molestar” lo que Knightley llama un “silencio oscuro anti-ruso” en occidente.

El 2 de Mayo de este año, 41 rusos étnicos fueron quemados vivos en la central del sindicato con la policía presente. Hay un video horroroso como prueba. El líder del sector derechista Dmytro Yarosh aprobó la masacre como “otro gran día de nuestra historia nacional. En los medios ingleses y americanos se dijo que había sido una “tragedia turbia”, resultado de los “choques” entre “nacionalistas” (neonazis) y “separatistas” (personas que recogen firmas para un referendum de una Ucrania Federal). El New York Times lo enterró, habiendo olvidado como propaganda rusa los avisos sobre las políticas de Washington sobre los fascistas y los anti-semitas. El Wall Street Journal maldijo a las víctimas “Fuego ucraniano mortal que parece haber sido iniciado por los rebeldes, dice el gobierno”. Barak Hussein Obama felicitó a la junta por su “mesura y contención”.

El 28 de Junio, el periódico “The Guardian” dedicó una página a unas declaraciones del “presidente” del régimen de Kiev, el oligarca Petrov Poroshenko. De nuevo la regla “Orwelliana” de la inversión aplicada. No hubo golpe, ni guerra contra la minoría en Ucrania, los rusos fueron culpables de todo. “Queremos modernizar mi país” dijo Poroshenko “Queremos introducir la libertad, la democracia y los valores europeos. A alguien no le gusta eso. Alguien no nos quiere en ese camino”.

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Soy Felipe Botaya, nací en Londres en Junio de 1953, durante la Coronation Week. He estado trabajando para compañías nacionales y multinacionales en España, Inglaterra y Oriente Medio. Soy Doctor en Administración y Dirección de Empresas. Siempre interesado en los enigmas de la historia, escribo este blog especializado en las dos Guerras Mundiales y en los libros que he publicado: OPERACIÓN HAGEN; ANTÁRTIDA 1947; KRONOS; KOLONIE WALDNER 555 (estos cuatro en editorial Nowtilus) y NO LE LLAME NEGRO LLÁMELE SUBSAHARIANO (ed. Identidad) deseando compartir con todos vosotros las inquietudes que tenemos acerca de los enigmas históricos y la evolución cultural que rodean a buena parte del S. XX/XXI. Os animo a que enviéis vuestros comentarios sobre estos temas y así enriquecer el blog y nuestros conocimientos. No creo en conspiraciones, creo en las coincidencias... Thoughful skepticism of official claims, is an honorable and essential feature of any free society.

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